ELOGIO DE CRÍTICOS Y DEFENSA CONTRA CRITICONES

Ahora que en el aire han dejado de resonar los tambores de guerra, permítannos calzarnos nuestra toga y nuestro birrete, subirnos al atril y dictar una lección magistral, antes de que vuelvan a sonar, que volverán. Entiéndanme, lo de magistral es por el método, que no por el contenido ni la forma. La Escuadra lleva apenas cuatro meses de andadura y ya nos hemos visto obligados a sofocar más de un fuego, de esos cuyo foco está, normalmente, en las redes sociales. Las crónicas de los partidos han sido el epicentro de algunos movimientos, que no acabaron en gran cosa, pero que a alguno le ha supuesto un sofoco. No es la única queja que hemos sufrido. La (falta) de información sobre algunas pruebas o disciplinas también ha soliviantado los ánimos de los interesados. Vamos, ahora, a defendernos, pero sin prisas, que necesitamos algo de su tiempo, así que no se ofendan con las primeras líneas.

Dicen que la altura cultural y democrática de un país puede medirse por la calidad de sus medios de comunicación. Yo me atrevería a ir un poco más lejos y diría que es el nivel de los lectores el que nos puede servir de barómetro para conocer cómo andan las cosas por las tripas de una sociedad. Un lector crítico es siempre una buena señal. Un lector crítico, no criticón. Es decir, un lector que conozca qué está juzgando, entre otras cosas el género al que pertenece lo escrito, las libertades estilísticas, el ámbito de interés del artículo en cuestión, las limitaciones impuestas por los medios y un largo etcétera. Y que después sea capaz de elaborar, con esos datos y su opinión, un discurso coherente, que ponga en evidencia las carencias de lo leído e incluso su premeditación para tergiversar los hechos y las ideas. En España, incluyéndonos a nosotros, claro, tenemos muchos criticones y pocos críticos, que sólo alzan la voz cuando no se les da pábulo y se les pasa la mano por el lomo; cuya opinión es perfectamente previsible, pues responde a un concepto muy discutible de lealtad a unos colores, ya sean los de un equipo, los de un partido o los de una ideología. Y es que el fenómeno deportivo lo ha inundado todo y la política, la religión, la economía o la cultura son sentidos y vividos como un partido de fútbol. Pero volvamos a lo nuestro, que nos despistamos.

Así que, como decíamos, a la hora de juzgar lo que se lee hay que tener en cuenta, al menos, lo siguiente:
– El género y las libertades estilísticas. Una crónica deportiva no es una noticia. Es un ejercicio de estilo en el que se da a conocer unos hechos y una posible interpretación de los mismos. Los hechos los encontrarán casi todos en la ficha. La explicación, en el texto. En el estado del periodismo actual, en las crónicas deportivas se ha refugiado lo mejor de la literatura periodística, con lo que encontrarán en ellas muchas de las figuras retóricas que pueden hallar en una novela o en una poesía. Lo único imperdonable en una crónica es que no aparezcan hechos relevantes para entender lo ocurrido. En nuestro caso, hemos sufrido críticas especialmente en dos crónicas. La primera en un Carrión-Zona 5; la segunda en un Valenzuela-Daimiel Racing. En Carrión no incluimos varias jugadas de peligro de los albaceteños. Aceptamos el error, aunque el sentido general de la crónica no variara demasiado. En Valenzuela, la interpretación de nuestro corresponsal es su interpretación. Los hechos más relevantes estaban todos, así que no hay mucho más que añadir. Por supuesto, se puede no estar de acuerdo con su explicación, pero será sólo un enfrentamiento de opiniones, poco más.

– El ámbito de interés del artículo. Pues sí, lo reconocemos: queremos que ganen los deportistas del Campo de Calatrava, nuestros equipos. La Escuadra es un diario comarcal y la visión de los hechos es siempre desde el Campo de Calatrava. La mayoría de las críticas nos han llegado desde fuera, pero, sinceramente, no podemos valorar igual al Miguelturreño que al Isso, por poner un ejemplo. Nos interesan más los errores y los aciertos de los nuestros, sobre los que ponemos una lupa, que los de los rivales, que son imprescindibles para el desarrollo del espectáculo, pero que se encuentran en un segundo plano. Vamos, que hemos repartido el papel de protagonista a los nuestros y hemos dejado el de secundario a sus rivales. Apostamos por el periodismo comarcal porque creemos que es el futuro, por encima del provincial o del regional. Si todo fuera viento en popa, nos encantaría que hubiera una Escuadra del Campo de Montiel y otra de La Mancha y otra de Los Montes y otra de La Manchuela… y todas con su visión comarcal de los acontecimientos deportivos. Pero lo que ahora tenemos es La Escuadra de los Campos de Calatrava. A algunos equipos que no les han gustado nuestras crónicas nos han sugerido que les pidamos a ellos la información. Para complementar lo nuestro, puede ser, pero nunca como fuente principal porque nos debemos a los deportistas y equipos del Campo de Calatrava.

– Las limitaciones impuestas por los medios con los que contamos. Somos los que somos, es decir, pocos. Eso implica que no podemos estar en todos los campos y que nuestra información no sería la que es sin la ayuda de bastantes amigos que son nuestros ojos. Valentín Naranjo nos da cumplida cuenta de lo que ocurre con el Valenzuela, semana tras semana, sin faltar ninguna. Su firma aparece al final del artículo, porque lo que nos ofrece es su visión. Nosotros no podemos estarle más agradecidos. El Basket Miguelturra, el CB Almagro, el Donoso Pío XII, la ADV Miguelturra, el CD Bolañego o el CDE Calzada nos envían sus crónicas o nos permiten usar las que cuelgan en sus webs. El Carrión, el Almagro y el Reño tienen siempre un momento, especialmente Jere, Luismi y José, para atendernos y contarnos cómo les ha ido cuando no juegan por aquí o no hemos podido ir a verlos. El BM Bolaños nos da todo tipo de facilidades, nos envían las actas y nos hacen un resumen de sus encuentros. Y así, un largo etcétera de gente a la que le gusta que lo suyo se vea reflejado en La Escuadra. Repito que se lo agradecemos a todos, porque sin ellos no podríamos hacer la web. Aunque nos gustaría que un redactor de La Escuadra pudiera ir a todos los partidos, a todos los combates, a todas las carreras, sabemos que no puede ser.

Si después de tener en cuenta todos estos factores, hemos cometido errores, esos son totalmente achacables a nosotros. Nos hemos confundido, seguro, en bastantes cosas. Los detalles son siempre traicioneros y no tengo ninguna duda de que hemos metido la pata más de una vez. No duden en señalárnoslos para que podamos corregirlos. Sin embargo, por el momento no ha habido errores de bulto, porque La Escuadra está hecha con cariño. La hacemos porque queremos, porque nos gusta, porque creemos en ella, sin presiones de nadie, aunque algunos lo intenten. Además, no tenemos las prisas de otros para publicar. Preferimos ir un poco más despacio para confirmar que lo que decimos sea correcto. El hecho de no tener demasiada competencia directa nos permite atenernos a la idea de que no queremos ser los primeros en contar las cosas, sino los que mejor las cuenten.

Si nuestra defensa no les convence, lo sentimos. Internet es un espacio de libertad que permite a cualquiera hacer público lo que desee con una inversión muy escasa. Con los medios que tenemos, hacemos el producto que queremos. Cualquiera puede intentar hacer lo mismo.

Acabemos ya. Quitémonos la toga y el birrete, que no nos sienta demasiado bien y volvamos a coger nuestros bolis, nuestras cámaras y nuestras grabadoras, que es a lo que estamos acostumbrados y lo que nos gusta.

Francisco J. Otero

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